Estafador se hace pasar por sacerdote en Argentina

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Hace poco, en una parroquia del norte argentino, los fieles recibieron una advertencia que duele: alguien anda tocando puertas con sotana prestada, pidiendo dinero en nombre de la Iglesia. No es la primera vez que esto ocurre, pero cada vez que sucede, toca algo profundo en quienes creemos.

Lo que está pasando en Santa Fe

Un hombre se presenta como sacerdote y recorre hogares solicitando donativos. La parroquia de la Arquidiócesis de Santa Fe de la Vera Cruz alertó a sus comunidades sobre esta práctica. Los estafadores conocen bien el poder de la sotana, el respeto que genera un uniforme religioso, la confianza que muchos depositamos en quien dice hablar en nombre de Dios. Abren una puerta que debería simbolizar lo sagrado y la usan para robar.

Cuando la fe se convierte en herramienta

Jesús fue claro respecto a esto. En Mateo 23 señala a aquellos que se envuelven en ropajes religiosos pero carecen de lo que importa: la verdad del corazón. «Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas», dice. No porque vistan de cierta manera, sino porque usan esa apariencia para engañar. El problema nunca fue la sotana; fue siempre la intención que la habita.

Lo que duele de un engaño así es que juega con algo frágil: la confianza. Alguien abre su puerta porque cree estar ayudando a quien serve a Dios. Y en esa grieta de sinceridad, entra el fraude.

La responsabilidad de reconocer quiénes somos

Los verdaderos ministros conocen el costo de servir. No necesitan mentir sobre quiénes son ni dónde trabajan. Una parroquia legítima tiene presencia en la comunidad, rostros conocidos, historias que preceden. Los obispos y párrocos saben cómo enseñar a sus fieles a verificar, a preguntar, a no confundir el respeto por la vocación con la ingenuidad.

Es una llamada también a nosotros: ¿qué significa realmente confiar? No es cierto que tener fe signifique abandonar la prudencia. Los primeros cristianos examinaban los espíritus. Juan escribió: «No crean a todo espíritu». La vigilancia y la fe caminan juntas.

Frente a la sospecha, la comunidad se cuida

Que una diócesis emita estas advertencias es un acto de cuidado pastoral. No parte del miedo, sino de la responsabilidad. Y así como un buen pastor protege al rebaño, nosotros también podemos hacerlo: preguntando, verificando, avisando a otros. La comunidad cristiana no es ingenua por naturaleza; puede ser cautelosa y misericordiosa al mismo tiempo.

El estafador cuenta con que no verificaremos, que el uniforme será suficiente. Cada vez que decimos «no», que pedimos credencial, que nos tomamos el tiempo de corroborar, estamos cuidando la casa común. Y también estamos defendiendo la verdad de quienes realmente sirven.

Que seamos vigilantes sin ser desconfiados. Que guardemos la puerta de nuestros hogares y la puerta de nuestro corazón con ternura y cuidado. Y que aquellos que verdaderamente sirven puedan hacerlo sin que la sombra de los estafadores opaque su vocación.

Fuente: www.aciprensa.com


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