La Torre y el Rey: el costo real de seguir a Jesús

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Hay un momento en la vida donde tienes que detenerte y preguntarte si realmente puedes pagar el precio de lo que estás a punto de hacer. No es una pregunta pequeña. Es la pregunta que hace que alguien se quede mirando una casa vacía antes de mudarse, o que cuente sus ahorros una vez más antes de abandonar un trabajo seguro. Hay algo en nosotros que sabe: las decisiones grandes requieren honestidad brutal. Y Jesús lo sabía también.

¿Quién de ustedes que quiere construir una torre no se sienta primero a calcular el costo, para ver si tiene suficiente dinero para terminarla? Si pone el cimiento y no puede terminar la obra, todos los que la vean comenzarán a burlarse de él, diciendo: «Este hombre comenzó a construir y no pudo terminar». O supongamos que un rey está a punto de ir a la guerra contra otro rey. ¿Acaso no se sienta primero a considerar si con diez mil soldados puede enfrentarse al que viene contra él con veinte mil? Si no puede, mandará una delegación mientras el otro está lejos, para pedirle condiciones de paz. De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee no puede ser mi discípulo.
Lucas 14:28-33

Jesús habla claro, sin rodeos

Estamos en el camino con Jesús. Multitudes lo siguen, y algunos están pensando si subirse definitivamente a este viaje. Es entonces cuando Él se detiene y dice algo que suena duro. No promete que será fácil. No dice que todos los que lo sigan serán ricos o felices. En cambio, cuenta dos historias sobre fracaso: un hombre que empieza una obra y no la puede terminar, un rey que va a la guerra sabiendo que va a perder. ¿Quién quiere que lo comparen con eso? Pero ese es exactamente el punto. Jesús no quiere seguidores que no sepan lo que están eligiendo. Quiere que cuentes primero.

El precio que nadie quiere mirar de frente

Aquí hay algo que pasa desapercibido: Jesús no dice que el precio sea dinero. Dice «todo lo que posees». Y no se refiere solo a propiedades. Se refiere a planes, ambiciones, a esa imagen que tienes de cómo debería ser tu vida. A la seguridad. Al control. A la necesidad de que las cosas salgan como las planeaste. Eso duele más que vaciar una cuenta bancaria, porque es más íntimo. El rico joven que aparece poco antes en Lucas dejó a Jesús exactamente por esto: no podía soltar sus posesiones. No porque fuera codicioso, sino porque confundía lo que tenía con quién era. Y hay algo profundo aquí: Jesús no te pide que destroces tu vida para nada. Te pide que la sueltes completamente para que pueda transformarla en algo que no esperabas. Pero eso requiere una fe tan radical que la mayoría de nosotros no la practicamos ni en sueños.

Lo que hace distinto a este seguimiento

Nota que Jesús no dice «Sígueme y serás feliz». Tampoco dice «Sígueme y tendrás éxito». Dice: cuenta el costo. Míralo a los ojos. Y luego elige. Eso es lo opuesto a la fe ingenua que cree que el cristianismo es un seguro de vida. No. Es un compromiso donde sabes que puede costarte todo, y aun así dices que sí. Los mártires lo hicieron así. Los santos lo hicieron así. No porque fueran masoquistas, sino porque vieron que lo que ganaban era infinitamente más valioso que lo que perdían. Pero eso no se puede entender con la cabeza. Solo con el corazón que ha tocado la presencia de Dios.

Cómo se ve esto cuando respiras aire del siglo veintiuno

No todos vamos a morir por nuestra fe. Pero todos tenemos que decidir: ¿me dejo transformar, o mantengo el control? Alguien deja una carrera ambiciosa porque descubre que lo que su alma necesita es servir. Alguien más suelta una relación porque sabe que no puede anteponerla a Dios. No son decisiones que el mundo aplaude. Pero son decisiones donde alguien contó el costo y dijo «vale la pena». El desafío es que nosotros hagamos lo mismo con pequeñas cosas: soltar el rencor que nos da poder, la mentira que nos protege, el orgullo que construye nuestro lugar en el mundo. Cada vez que elegimos eso, estamos contando un costo y pagándolo. Y descubriendo que es el mejor negocio que jamás hemos hecho.

Para seguir meditando

¿Hay algo en tu vida que aún no has soltado completamente? ¿Qué pasaría si lo hicieras?

No es una pregunta para sentirte mal. Es para que veas dónde está tu verdadera confianza. A veces descubrimos que aferrarnos a algo es lo que nos mantiene separados de lo que realmente deseamos.

¿Quién en tu comunidad ha hecho una renuncia así? ¿Qué cambió en él cuando la hizo?

Busca testimonios vivos. No necesitas casos extremos. A veces la transformación más real sucede en alguien que conoces, que simplemente eligió diferente.

Señor, dame el valor para contar el costo real de seguirte. Y luego, dame la fe para decir que sí, sabiendo que lo que gano contigo es más que todo lo que dejo atrás.

Referencia: Lucas 14:28-33


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