Obispo Báez: La fe nos llama a resistir la indiferencia

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Un obispo auxiliar de Managua ha levantado la voz con una convocatoria que atraviesa fronteras: no podemos quedarnos mirando mientras las dictaduras asfixian la democracia y cercenان la libertad de las personas. No es un grito airado, sino una interpelación moral que viene de quien vive en primera línea los efectos de regímenes que persiguen, censuran y silencian.

Cuando el poder se vuelve tiranía

Monseñor Silvio Báez, obispo auxiliar en la capital nicaragüense, ha señalado algo que muchos cristianos prefieren no ver: la pasividad frente a la injusticia es ella misma una forma de complicidad. Cuando un gobierno destruye los mecanismos democráticos, cercena derechos fundamentales y reprime a su propio pueblo, quedarse en silencio o en la incomodidad privada es no haber entendido qué significa seguir a Jesús.

Nicaragua atraviesa una situación que ha generado preocupación internacional. El llamado del obispo no es abstracto: proviene de una Iglesia que ha visto encarcelados, desaparecidos, familias rotas. Es la voz de alguien que ha experimentado la represión, que sabe de primera mano cómo un poder sin frenos aplasta las voces disidentes.

La raíz bíblica de esta resistencia

Los profetas de Israel no fueron diplomáticos ni tibios. Amós confrontó a los gobernantes corruptos. Jeremías alzó su voz en tiempos oscuros. Juan el Bautista desafió al rey Herodes. El Evangelio no promete comodidad a quienes siguen a Cristo; muchas veces nos pide exactamente lo contrario: estar alertas, ser testigos de la verdad, defender a los vulnerables.

Cuando Jesús habla de los fariseos y saduceos, no lo critica por sus doctrinas solamente, sino porque amaban el prestigio y se aliaban con poderes injustos. Los cristianos de la antigüedad no fueron mártires por pasividad; fueron mártires porque se negaron a ser cómplices.

La tentación de mirar hacia otro lado

Hay una comodidad muy peligrosa en pensar que la política no es cosa de fe, que los obispos no deben hablar de democracia o libertad. Pero cuando un régimen persigue a cristianos, cierra templos, encarcela sacerdotes y oprime al pobre, entonces la fe no tiene opción: debe pronunciarse. No es politizar la fe; es reconocer que la fe tiene consecuencias en cómo vivimos juntos.

El Obispo Báez invita a sus hermanos en la fe a salir de la parálisis. Esa parálisis que nos permite dormir bien por la noche mientras otros son torturados. Esa que nos permite estar en comunión con nuestros hermanos mientras algunos desaparecen.

Un llamado que nos toca a todos

Aunque la urgencia es nicaragüana, el mensaje resuena más allá. Dondequiera que la democracia se erosione, donde la libertad sea reprimida, donde el inocente sea perseguido, los cristianos estamos llamados a no ser espectadores. No desde la política partidista, sino desde la convicción de que cada persona lleva la imagen de Dios y merece dignidad.

Lo que el obispo nos pide es que recordemos que nuestro bautismo no es privado. Es un compromiso con el Reino que empieza en el corazón, pero que inevitablemente toca el mundo. Cuando callamos ante la injusticia, ¿qué evangelio estamos predicando?

Que el Espíritu Santo nos dé el valor de quienes han ido antes. Que no confundamos prudencia con cobardía, ni paz con conformidad. Que, en los tiempos oscuros, nuestras voces suenen claramente por la dignidad y la libertad, porque Cristo no vino a traer comodidad, sino justicia.

Fuente: www.aciprensa.com


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