Un obispo recuerda a Fulton Sheen y la misión de la Iglesia

Un obispo recuerda a Fulton Sheen y la misión de la Iglesia

⏱ Tiempo de lectura: 3 min

Hay momentos donde la vida de una persona se entrelaza con la de un santo de manera tan tangible que resulta imposible ignorarlo. Un obispo estadounidense vive así esta realidad: fue bautizado por Fulton Sheen cuando apenas era un bebé, en 1960. Hoy, mientras la Iglesia se prepara para la beatificación de Sheen, este obispo reflexiona sobre qué significa ese legado y cómo resuena en la fe de hoy.

Un bautismo que marcó dos vidas

Cuando Sheen vertió agua en la frente de ese niño hace más de seis décadas, no sabía que ese pequeño crecería como pastor de almas. El gesto sacramental, tan simple en apariencia, conectaba dos existencias destinadas a servir a la Iglesia de formas distintas pero convergentes. El obispo, ahora adulto, reconoce que esa conexión no es coincidencia sino providencia. Sheen fue un hombre que comunicó el Evangelio a millones a través de la radio y la televisión, llevando la fe a espacios donde la Iglesia no era visible. Su magnetismo provenía de una convicción profunda: el cristianismo no es doctrina guardada en templos, sino mensaje vivo que trasciende muros.

Redescubrir lo misionero como identidad

Lo que el obispo subraya ahora, en vísperas de la beatificación de Sheen, es una verdad que la Iglesia necesita recordar constantemente: el cristianismo nace misionero o no nace de verdad. No se trata de un programa más o de una iniciativa que se suma a la pastoral. Es la médula del cuerpo eclesial. Cada bautismo incorpora a alguien a una comunidad cuya naturaleza es salir, anunciar, acompañar a otros hacia el encuentro con Cristo. Sheen lo vivió con una creatividad que asombra: tomó en serio la comisión de Jesús a los discípulos y la tradujo al lenguaje de su época.

Preguntas que despiertan

¿Cuántos de nosotros vivimos nuestro bautismo como un acto privado, una marca personal de identidad religiosa? Sheen y este obispo nos invitan a otra perspectiva: el bautismo es también un envío. No es suficiente creer en privado, profesar una fe tranquila. El Evangelio pide ser comunicado, compartido, vivido de cara al mundo que nos rodea. Eso no significa ser invasivo ni ingenuo. Significa despertar a la responsabilidad de testigos. Significa permitir que la fe nos transforme de tal modo que otros noten que algo distinto habita en nosotros.

Vivir el legado hoy

La beatificación de Sheen es una oportunidad para tocar nuevamente esa fibra misionera que muchos cristianos hispanohablantes sienten dormida. No necesitamos una radio de alcance nacional ni una televisión para serlo. Necesitamos la disposición de un padre de familia que hable de fe en la cena, una enfermera que ore con su paciente, un profesional que lleve la integridad del Evangelio a sus decisiones cotidianas. Ese obispo bautizado por Sheen vuelve hoy su mirada atrás no para quedarse en la nostalgia, sino para identificar las grietas por donde la vitalidad misionera se escapó de nuestras comunidades.

Que el Espíritu reavive en nosotros la llama misionera que Sheen encendió. No como tarea agobiante, sino como alegría de quien ha encontrado algo precioso y desea compartirlo. Que cada bautismo, incluso el de hace años, nos despierte a una vida nueva.

Fuente: www.aciprensa.com


Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *