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Hace poco, durante un funeral en una iglesia de Karak, Jordania, disparos interrumpieron lo que debería haber sido un momento de duelo compartido y oración. Varios fallecidos y docenas de heridos quedaron como consecuencia de un ataque cuya autoría permanece sin aclarar. No es la primera vez que espacios sagrados se convierten en escenarios de violencia, pero cada ocurrencia golpea de manera particular a quienes creemos que la iglesia es refugio.
Lo que sucedió en Karak
Atacantes no identificados abrieron fuego dentro del templo mientras la comunidad se reunía para honrar a un difunto. Las autoridades de seguridad pública confirmaron varias muertes y un número significativo de lesionados. El acto ocurrió en un lugar donde la gente buscaba consuelo, donde esperaban encontrar paz en medio del dolor de la pérdida. En cambio, encontraron miedo.
La iglesia, siempre vulnerable
A lo largo de la historia, los lugares de culto han sido blanco de violencia. No porque Dios no pueda proteger, sino porque el mal se siente amenazado por la fe que se reúne, ora y canta juntos. Los primeros cristianos lo sabían bien; muchos de ellos fueron perseguidos precisamente donde se congregaban. Aún hoy, en distintas partes del mundo, cristianos celebran la eucaristía sabiendo que ese acto de reunión es peligroso. Esto no debería sorprendernos, aunque siempre nos hiera.
Una pregunta incómoda para nosotros
Estos momentos nos empujan a enfrentar preguntas que preferimos evitar: ¿Dónde está Dios cuando las balas atraviesan las puertas de su casa? ¿Qué significa seguir creyendo después de presenciar tal horror? No son preguntas sin respuesta, pero tampoco tienen respuestas fáciles. La fe nunca fue una garantía de seguridad física; fue siempre una apuesta por la esperanza a pesar de lo que vemos.
Oración por quienes sufrieron
Señor, te acercamos el dolor de los que perdieron a sus seres queridos en Karak. Sosten a los heridos en su recuperación, y concede paz a quienes presenciaron lo inimaginable. Ayúdanos a no perder la fe en ti, aunque el mundo nos muestre su crueldad. Y danos el valor de seguir reuniéndonos, orando y creyendo, porque eso es lo que nuestros hermanos cristianos perseguidos han hecho siempre.
Fuente: www.ewtnnews.com

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