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Cuando la injusticia se vuelve política de Estado, los gobiernos se mueven. La Organización de Estados Americanos ha convocado a una reunión de ministros de Relaciones Exteriores para abordar lo que sucede en Nicaragua. Estados Unidos insiste en que ocurra antes del 1 de septiembre, fecha en que el régimen planea formalizar cambios institucionales que incluyen el cierre de futuras elecciones. No es solo un trámite diplomático: es un grito ante lo que muchos ven como el sofocamiento sistemático de la libertad.
Lo que está en juego
Nicaragua atraviesa una crisis profunda de derechos humanos. El gobierno ha intensificado la represión contra opositores, periodistas y activistas. Las reformas políticas previstas no son menores: buscan modificar el sistema electoral de forma que consolide el poder sin necesidad de legitimación democrática. Es decir, gobiernos sin elecciones. La comunidad internacional ve en esto un punto de no retorno, y por eso la presión internacional se acelera antes de esa fecha límite.
Cuando la fe interpela a los gobiernos
Jesús enseñó que «el que quiera ser el primero entre ustedes, sea el servidor de todos». Estas palabras resuenan cuando contemplamos estructuras de poder que se perpetúan a sí mismas, que eliminan espacios para que otros voten, para que otros tengan voz. La Iglesia, desde siempre, ha defendido la dignidad de cada persona como imagen de Dios. Eso incluye el derecho a participar en las decisiones que nos afectan. Cuando un régimen cierra esas puertas, no solo ataca la política: ataca la dignidad misma.
El precio de resistir
Detrás de esta convocatoria hay historias reales. Hay familias separadas, periodistas encarcelados, activistas que siguen levantándose cada mañana sabiendo el riesgo. Hay sacerdotes y comunidades de fe que oran en silencio, en casas, porque ni siquiera los espacios de culto son del todo seguros. Son testigos que no aparecen en los comunicados oficiales pero que sostienen, con su fe y su resistencia pacífica, una esperanza que el poder intenta extinguir.
Una pregunta para nosotros
¿Qué tan serio es nuestro compromiso con la justicia cuando nos toca vivirla desde lejos? Muchos hispanohablantes en otros países pueden leer esto y sentir que es un asunto lejano. Pero la represión en una nación es una herida en el cuerpo de la Iglesia universal. Los que sufren represión en Nicaragua son nuestros hermanos. La pregunta no es si debemos orar; es si nuestra oración nos mueve también a actuar, a estar atentos, a no normalizar lo que es injusticia.
Que en estos días de tensión y cambio, quienes gobiernan encuentren la sabiduría de escuchar antes de cerrar las puertas. Que los que sufren hallen fortaleza en la fe. Y que nosotros, mirando desde donde estemos, no seamos indiferentes ante el clamor de quienes buscan vivir con dignidad y libertad.
Fuente: www.aciprensa.com
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