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Una universidad católica en el Cono Sur ha cultivado, durante años, un saber que ahora cruza el Atlántico. No es un dogma ni una doctrina, sino algo más práctico y urgente: cómo construir espacios seguros dentro de comunidades de fe. La Universidad Católica de Chile ha perfeccionado un diplomado dedicado a la prevención de abusos y al cuidado mutuo en contextos eclesiales. Ahora, después de seis ediciones, decide compartir esa experiencia adaptándola para el público español.
Cuando la reflexión se convierte en acción
No es casual que una institución académica dedicada a la formación tome la iniciativa en este terreno. Tras años de trabajo con comunidades, equipos parroquiales y estructuras diocesanas, la UC desarrolló un programa que no se queda en teoría. Se trata de un diplomado pensado para capacitar a personas que conviven con otras en espacios eclesiales: catequistas, líderes pastorales, administradores, personas vinculadas a seminarios y comunidades religiosas.
Lo que la universidad chilena descubrió es que prevenir abusos exige más que normas y protocolos. Requiere cambiar la cultura misma de una comunidad. De ahí el nombre: «Prevención de Abusos y Cultura del Cuidado». No basta prohibir; hay que tejer una red donde cada miembro se sienta responsable del bienestar del otro.
Una herida que pide sanación compartida
Los abusos en la Iglesia han dejado marcas que trascienden continentes. España, como muchos países, conoce estas historias dolorosas. Pero también conoce la resiliencia. Por eso tiene sentido que una iniciativa desarrollada en Chile llegue a territorios que enfrentan desafíos similares. No se trata de importar una solución lista para usar, sino de compartir un camino que otros han andado.
El diplomado español se diseña pensando en los contextos locales, en las particularidades de las comunidades peninsulares. Eso implica que quienes lo coordinen entienden algo fundamental: la prevención no es un tema abstracto. Vive en las parroquias reales, en los grupos juveniles concretos, en las relaciones específicas que construyen o destruyen la confianza.
Lo que interpela a quien lo lee
Cuando una institución como la UC invierte recursos en formar a otros sobre esto, nos coloca frente a una pregunta incómoda: ¿Qué significa cuidado real en nuestras comunidades? No el que se proclama desde un púlpito, sino el que se practica en los pasillos, en los encuentros uno a uno, en las decisiones cotidianas sobre a quién se le da acceso y poder sobre los vulnerables.
El saber que viaja desde Chile a España trae consigo una lección implícita: la prevención de abusos no es un lujo para comunidades desarrolladas, ni un tema que avergüence. Es un signo de madurez eclesial. Es la Iglesia mirándose en el espejo y decidiendo cambiar lo que ve.
Una puerta abierta
Que una universidad católica adapte su trabajo para otros contextos habla de algo más profundo que la transferencia de conocimiento. Habla de una Iglesia que no se repliega ante sus heridas, sino que las convierte en ocasión de aprender. En oportunidad de crecer.
España ahora tiene la posibilidad de acceder a seis años de experiencia acumulada. No para importar respuestas, sino para pensar juntos cómo edificar comunidades donde los pequeños, los débiles, los silenciados encuentren realmente un refugio.
Que el Espíritu ilumine a quienes se dediquen a esta tarea. Que quienes pasen por este diplomado no solo aprendan estructuras, sino que se dejen transformar por la lógica del cuidado mutuo. Y que nuestras comunidades lleguen a ser, de verdad, espacios donde se respira la protección y la dignidad de cada persona.
Fuente: www.aciprensa.com
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