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Cuando las puertas políticas se cierran, a veces son las manos de la fe las que encuentran un camino. Catholic Relief Services, el brazo humanitario de la Iglesia católica estadounidense, acaba de enviar el primer vuelo de asistencia hacia Cuba, llevando consigo alimentos y productos de higiene para centenares de familias. Un gesto que habla más de lo que parece.
Lo que sucedió
La iniciativa llegó a 700 familias cubanas con paquetes de comida ya preparados y kits de limpieza e higiene. No es un anuncio grandioso ni una conferencia de prensa. Es, simplemente, un vuelo que aterrizó con lo que falta: lo necesario. Detrás hay coordinación entre organizaciones estadounidenses y la estructura católica, demostrando que donde hay voluntad de servir, las complejidades administrativas y políticas no son muralla infranqueable.
El eco de una vocación antigua
Hay algo profundamente evangélico en esto. No es nuevo. Jesús siempre habló de ver al hambriento, al desnudo, al necesitado. No preguntaba de qué país era, qué bandera ondeaba sobre su cabeza. Simplemente decía: alimenten. Vistan. Acojan. Catholic Relief Services existe precisamente porque la Iglesia tomó en serio esas palabras. Cada kit de higiene, cada paquete de alimentos, es una forma de decir: tu vida importa, tu dignidad importa, aunque el mundo te haya olvidado.
Cuando la política se detiene
Cuba vive bajo sanciones internacionales que complican el acceso a recursos básicos. Las familias allí cargan con un peso que muchos de nosotros apenas podemos imaginar. Y ahí es donde organizaciones como esta intervienen, no para hacer política, sino para interrumpir el sufrimiento. Es un recordatorio humilde de que la solidaridad cristiana no pide permiso a los gobiernos; simplemente actúa dentro de lo que es legal y correcto.
Una pregunta para nosotros
¿Cuántas veces dejamos que la distancia, la política o la complejidad nos paralice? Vemos una necesidad y decimos: «Eso es muy complicado». Pero aquí hay gente que dice: «Es complicado, sí. Hagámoslo igual». No es un acto revolucionario; es algo más sencillo y más desafiante: es obediencia. La clase de obediencia que nace cuando realmente creemos que cada persona es imagen de Dios.
Que nuestros ojos aprendan a ver lo que ven estas organizaciones: no enemigos ni extraños, sino hermanos. Que nuestras manos encuentren el camino aunque todo parezca complicado. Y que cada gesto pequeño de solidaridad nos recuerde que el Reino de Dios llega, muchas veces, en paquetes sencillos de alimentos y en la terquedad de quien se niega a abandonar a nadie.
Fuente: www.aciprensa.com

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