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El Cardenal Fernando Chomali, quien encabeza la arquidiócesis de Santiago, ha vuelto a insistir en una idea que toca lo más profundo de la conciencia: que los médicos escuchen el corazón del bebé antes de practicar un aborto. No es una imposición, sino una pausa. Una instancia donde el latido —ese sonido tan humano, tan definitivo— se haga presente en la deliberación.
Una voz que propone, no que impone
En Chile, el debate sobre el aborto sigue siendo una herida abierta. El Cardenal ha retomado el tema en torno a un proyecto de ley que busca incorporar esta práctica al protocolo médico. No se trata de una amenaza ni de una condenación sin matices. Es más bien una invitación a que algo se haga visible, audible, presente en un momento donde muchas fuerzas —sociales, económicas, personales— presionan hacia una dirección.
Lo interesante es que no plantea una prohibición teológica, sino una pausa humana. Escuchar el latido es reconocer que ahí hay vida, ritmo, presencia. Es difícil negar lo que suena bajo el estetoscopio.
Cuando la vida toca a la puerta del silencio
En el Evangelio de Lucas, cuando María visita a Isabel, el bebé en el vientre de su prima salta de alegría. No es un pasaje que hable de políticas o leyes. Es simplemente vida reconociendo vida, un movimiento que trasciende las categorías. El latido del que habla Chomali toca algo parecido: es vida que se manifiesta, que reclama ser vista.
La tradición cristiana siempre ha considerado que la vida merece respeto desde el comienzo, aunque la Iglesia misma ha reconocido en diferentes momentos la complejidad de cuándo exactamente comienza esa vida. Pero aquí no se trata de eso. Se trata de hacer audible lo que ya está presente.
Lo que el silencio no puede ocultar
Hay algo casi radical en proponer que se escuche. En un mundo donde muchas decisiones difíciles se toman deprisa, en consultorios apresurados, con formularios y protocolos que casi nos permiten no ver al otro, la propuesta de pausar y escuchar rompe la rutina de la indiferencia.
No es culpa de nadie. Los médicos no son verdugos ni las mujeres son frías. Pero cuando la máquina del procedimiento se pone en marcha, es fácil no escuchar lo que está pasando en realidad. El latido obliga a eso: a escuchar.
Una pregunta que no requiere respuesta rápida
¿Qué sucede en la conciencia de una persona cuando escucha ese corazón que late? ¿Confirma su decisión o la cuestiona? No lo sabemos. Y quizá no es asunto nuestro. Pero lo que sí sabemos es que cada persona tiene derecho a tomar esa decisión con toda la información disponible, con todos los latidos escuchados.
La propuesta del Cardenal, lejos de ser punitivista, es fundamentalmente democrática: que nada se oculte, que todo lo que existe en ese vientre sea reconocido antes de que una decisión se consume.
Que aquellos llamados a cuidar la vida, en todas sus formas y complejidades, encuentren el coraje de escuchar. Que no nos automaticemos frente a lo sagrado. Que cada decisión importante sea tomada con los ojos, el corazón y los oídos abiertos.
Fuente: www.aciprensa.com
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